ANDRÉS LEVIN: UN INNOVADOR MUSICAL EN MÉXICO

ANDRÉS LEVIN: UN INNOVADOR MUSICAL EN MÉXICO

El productor musical y ganador del Grammy, que ha trabajado con Lin-Manuel Miranda, Tina Turner y John Legend, nos habla de su nuevo proyecto Tribe Caribe y de porqué México se ha convertido en un trampolín para crear música y arte.

Andrés Levin sido llamado un master-chef de la música fusión urbana y un mundo multicultural en sí mismo, y lo anterior aún no alcanza a describir todo lo que es. Su familia, crianza, educación y la diversidad de lugares en los que ha vivido desde muy temprana edad contribuyeron a esto, aunque hoy prefiere fijar su residencia en México por su actual escena artística.

Nació en Caracas en 1968, de padres exiliados argentinos y nieto de exiliados alemanes judíos, y vivió ahí sus primeros siete años. Sus padres son científicos, pero su papá también hacía música experimental, por lo que creció en un estudio de grabación donde se hacía música totalmente abstracta, artística y expresiva. A los siete años se mudó a Carolina del Norte porque su mamá ganó una beca Guggenheim para el doctorado, por lo que hizo ahí la secundaria, donde era el único latino. Regresó posteriormente a Caracas de los 13 a los 17 años donde tocaba en nueve bandas distintas de rock mientras en casa experimentaba con la electrónica.


Todo lo anterior lo llevó a obtener una beca, a los 17 años, Berklee College of Music en Boston, pero a los tres meses lo dejó para perseguir otra oportunidad en Nueva York. “Berklee no satisfacía la velocidad a la que me estaba moviendo porque ya tenía una preparación bastante técnica gracias a todo lo que aprendí en casa, como la experimentación constante, la creatividad y el proceso de la música no como algo que tiene un final conocido, sino como una búsqueda de nuevas finalidades”, confiesa. En la Gran Manzana trabajó limpiando baños y haciendo café, mientras estudiaba composición por las noches en Julliard, y sus ratos libres los pasaba en estudios de grabación.


Ahí, en Nueva York, tuvo como mentor a Nile Rodgers, quien produjo discos para Madonna y David Bowie, y hasta los 24 años realizó música soul y R&B y le hizo discos a Chaka Khan, Gladys Knight y Tina Turner. De ahí se mudó por completo al mundo del rock latino. “Hice discos de música alternativa latina con bandas como Los Amigos Invisibles, Aterciopelados y El Gran Silencio”, recuerda.


Sus colaboraciones con otros grandes artistas como David Byrne, Caetano Veloso, John Legend y Lin-Manuel Miranda siguieron, pero a la par nunca dejó su vena experimental que aprendió de su padre y que hasta la fecha sigue inquieta. “Siempre he estado tratando de traer la industria de la música al mundo de la sustentabilidad y de la responsabilidad social, haciendo proyectos altamente creativos y no necesariamente funcionales para la causa”, confiesa. Trabajando con Lin-Manuel Miranda, haciendo el musical In the Heights, fue como ganó un Grammy en 2012, aunque ha sido nominado más veces. Posteriormente fundó la banda, Yerba Buena, con la que recorrió el mundo durante una década, con artistas como Dave Matthews, Celia Cruz, Run-D.M.C. y Ray Charles. “Hubo una especie de fenómeno en Nueva York por 10 años de fusión de jazz con Cuba, Colombia y África”, recuerda sobre esa época.


Hoy, a la par de todos sus proyectos, está enfocado en Tribe Caribe, que empezó el año pasado. “Es una plataforma que fundé con la visión de lograr relaciones entre Latinoamérica y el Caribe ya que hay muy poca comunicación por razones sociales e idiomáticas. Tengo mucho tiempo pensando en cómo contar estas historias, especialmente del afrocaribeño, afrocolombiano, afromexicano, afrocubano y cómo esa música y toda esa influencia se disipó. Es momento de empezar a contar una historia donde se fusionen todas estas culturas y crear una voz única en donde participen Jamaica, Cuba, México, Colombia, Trinidad, Haití, República Dominicana, Puerto Rico y claro, Nueva York, que es la ciudad más caribeña del mundo”, explica.


A la Ciudad de México, que había estado visitando por 20 años, empezó a venir más seguido en la pandemia y dice que hubo un click artístico con el lugar, donde ha encontrado mucha disposición de los artistas, a quienes les aconseja “realmente tratar de empujar las barreras constantemente. Incluso las Rosalías del mundo están haciendo discos experimentales. Creo que muchos artistas jóvenes se están dando cuenta que cuanto más raro y más innovador seas, más te van a escuchar. Entonces sé innovador, curioso y trata de no repetirte demasiado”.


Sobre el panorama musical actual, y aunque sabe que Estados Unidos es el sueño de todo artista, Andrés asegura que con la globalización y la tecnología actual se pueden hacer grandes proyectos sin vivir ahí. “Acabo de regresar de Nueva York y ya no viviría ahí. Estuve 30 años allá y me encanta, es impresionante, pero el costo de vida no es equivalente a la calidad de vida con una rutina creativa en donde uno invierte mucho tiempo en sus proyectos”, agrega.


Tras una trayectoria de más de tres décadas en el país vecino, aunque siempre ha estado en constante movimiento por el mundo, ha fijado su residencia en México. “México realmente es un lugar que me inspira, no solo sus personas, sino la ciudad, la cultura y la historia. Hemos tenido la oportunidad de trabajar con una fusión entre artes plásticas, arte sonoro, músicos, y todo esto me recuerda mucho a los noventas de Nueva York, cuando nos juntábamos personas de todas partes del mundo y se creaba una comunidad. Para mí, México está ofreciendo ese trampolín”, concluye.