ENRIQUE NORTEN

ENRIQUE NORTEN

Por: Sarah Gore Reeves

“Toda intervención arquitectónica debe ser un lugar del presente y del futuro, pero con una base muy fuerte y clara en el pasado. ”

El diccionario Webster define la naturaleza como “el mun­do físico y todo lo que hay en él (como las plantas, los animales, las montañas, los océanos, las estrellas, etcétera) que no está hecho por las personas”. En cambio, la arquitectura es un acto voluntario y consciente realizado por el ser humano. Desde hace miles de años, la relación entre el mundo natural y el mun­do hecho por el hombre ha sido conflictiva y an­tagónica, pero, al mismo tiempo, complementaria y de apoyo mutuo.


Desde la aparición de los primeros humanos en la Tierra, los hombres han domesticado territorios muy importantes de lo que era un planeta natu­ral, para convertirlo en uno más habitable y con­fortable, que ha permitido a los distintos pueblos florecer, progresar y conseguir una mejor “calidad de vida” para los miles de millones de individuos que ahora viven en nuestro mundo. Todo ello ha implicado un costo muy elevado.

La arquitectura ha tenido un papel protagónico en la metamorfosis de nuestro planeta. La mera presencia del hombre en un contexto natural, y muy especialmente cualquier acción o inter­vención humana en dicho lugar, ha transformado los paisajes de forma irreversible y permanente, no siempre con los mejores resultados.


El reto de la creación de lugares es generar un diálogo entre lo existente y lo nuevo, que reconoz­ca y mejore la sabiduría, la estructura y la belleza del paisaje natural, dando pie a experiencias ricas a través de la forma y el espacio construidos. 


La buena arquitectura es la suma de ambos, en la que tanto las condiciones naturales como las nuevas intervenciones se enriquecen y benefician mutua-mente y en su yuxtaposición. El resultado de una buena solución arquitectónica es un espacio que se hace mejor de lo que era antes.


LA ARQUITECTURA ES ESPECÍFICA DEL LUGAR


Para crear un sitio nuevo que sea especial y único, consciente del medio ambiente y sostenible, hay que aprender mucho de su propia historia natural y cultural, así como de la arquitectura vernácula, las tradiciones del terreno y ecologías similares en otros lugares.


Nuestro propósito como arquitectos es la in­vención de nuevos órdenes y estrategias espacia­les que consideren e integren todas las escalas: desde la objetual hasta la regional, y que celebren la belleza de cualquier paisaje singular —urbano o natural—, integrando las tradiciones tectónicas de lo local con las tecnologías y las mejores prác­ticas de lo global.


Toda intervención arquitectónica debe ser un lu­gar del presente y del futuro, pero con una base muy fuerte y clara en el pasado. Es reto de la ar­quitectura la creación de nuevos lugares que par­ticipen en el discurso global, pero que hablen con sus propias voces y tonalidades locales, fuertes y únicas; lugares que sean conscientes y responsables de la preservación y transformación positi­va de su entorno natural y que complementen y celebren el paisaje donde se ubican, así como la cultura, la historia y las tradiciones de su gente; lugares definidos tanto por la arquitectura tradicional como por la contemporánea que enaltecen los valores específicos de cada lugar único.